No una tala de titular, sino una transformación que se ve año a año.
El eucalipto para la papelera no es un árbol más: es una plantación industrial que acidifica el suelo, seca las fuentes y borra el bosque autóctono. Y en Asturias no para de crecer.
Galicia enseña a dónde no hay que llegar: allí el eucalipto ya cubre 409.026 ha, el 28% de su masa forestal (Inventario Forestal Continuo de Galicia, 2023). Asturias aún está a tiempo de no seguir ese camino.
Fuentes: Inventario Forestal Nacional y Plan Forestal de Asturias; cortas por especie (SADEI); Inventario Forestal Continuo de Galicia (Xunta, 2023); comportamiento del fuego (USC/SGHN).
Ejemplo ilustrativo con rangos de estudios del sector agroforestal atlántico, no cifras de esta finca.
El propio eucalipto, anillado y triturado, se convierte en la primera biomasa que alimenta al suelo mientras entran los árboles y arbustos del país. El monte nunca queda pelado: pasa de muerto a vivo sin vacío. No es una tala brusca, es una reversión paciente — y porque se ve, cuenta la historia sin explicarla.
En el noroeste hay quien ya ha retirado el eucalipto invasor y ha dejado que el bosque autóctono vuelva, con un aumento medible de biodiversidad. Es un camino andado: la reversión no es una promesa.
Pero su objetivo era menos radical — devolver el bosque. Nosotros queremos más: devolver también la gente a los pueblos. No solo un monte vivo, sino una vida que vuelve a caber en él.